El conversatorio, organizado por el Centro de Innovación en Liderazgo Educativo y la Facultad de Comunicaciones de la Universidad del Desarrollo, reunió a directivos, sostenedores y profesionales del sector para analizar cómo abordar conflictos, tomar decisiones y construir confianza en los establecimientos.

Explicar una decisión difícil o actuar ante una emergencia exige que las personas comprendan qué ocurre y cómo responder. En una escuela, esa capacidad se construye tanto en las conversaciones cotidianas como en los gestos de quienes la dirigen, que pueden transmitir tranquilidad o generar inquietud incluso sin proponérselo.
Estas fueron algunas de las reflexiones que marcaron el conversatorio “Comunicar para liderar en tiempos complejos”, realizado el miércoles 2 de septiembre en la Universidad del Desarrollo (UDD), sede Las Condes.
La actividad fue organizada por el Centro de Innovación en Liderazgo Educativo de la UDD (CILED-UDD) y la Facultad de Comunicaciones UDD, y reunió a integrantes de equipos directivos, sostenedores y profesionales vinculados con la educación.

La jornada comenzó con una presentación de Soledad Ortúzar, directora ejecutiva del CILED-UDD, quien compartió el caso de Rajendra Dawadi, director de la escuela Tribhuvan Trishuli, en Nepal. Tras recibir advertencias sobre una inundación, hizo sonar la campana e indicó a los estudiantes que se dirigieran hacia un terreno elevado. Su rápida respuesta permitió evacuar a cerca de 900 estudiantes antes de que el agua arrasara con el establecimiento.
El ejemplo permitió abordar cómo la comunicación efectiva puede movilizar a una comunidad. A partir de este caso, Ortúzar destacó habilidades necesarias también en la vida cotidiana de las escuelas: escuchar y retroalimentar, sostener mensajes coherentes y construir confianza para avanzar hacia un propósito compartido.

Por su parte, Christian Lazcano, director de Investigación del Centro, presentó evidencia sobre los desafíos del acompañamiento docente, el bienestar y la colaboración entre colegas. Su exposición conectó estos ámbitos con la necesidad de contar con tiempo y espacios para conversar sobre la enseñanza, compartir dificultades y aprender en conjunto.
Entre los antecedentes, abordó un estudio sobre Comunicación No Violenta, desarrollado por María José Labrador y María Cristina Silva, académicas de la Facultad de Comunicaciones UDD, y aplicado a 1.797 estudiantes de cuatro liceos técnico-profesionales de la Región Metropolitana. Los resultados mostraron una brecha entre reconocer qué caracteriza una buena comunicación y llevarla a la práctica. Desde esta perspectiva, se planteó la importancia de ejercitar conversaciones que permitan distinguir los hechos de los juicios, expresar necesidades y formular peticiones claras.

Posteriormente, Roberto Bravo, integrante de Directores por Chile y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, aportó una mirada desde su trayectoria en la conducción de establecimientos.
Para ilustrar el alcance de la comunicación no verbal, relató que, en sus primeros años como rector, su manera apresurada de caminar por el colegio hacía pensar a otras personas que estaba ocurriendo algún problema, aunque no fuera así. Al darse cuenta, comenzó a caminar más despacio, con las manos detrás de la espalda, lo que cambió la percepción de quienes lo veían.
La anécdota mostró cómo un hábito aparentemente menor puede influir en el ambiente escolar. También abrió una reflexión sobre la distancia que puede existir entre lo que un directivo quiere transmitir y lo que su comunidad interpreta.

El encuentro concluyó con un conversatorio conducido por Silva, directora de Aseguramiento de la Calidad de la Facultad de Comunicaciones UDD, y Carlos Sandoval Precht, director del Diplomado en Comunicación Interna y Gestión del Cambio de la misma Facultad.
Junto con Ortúzar y Bravo, abordaron las tensiones que surgen al transmitir decisiones difíciles y gestionar conflictos, considerando las distintas necesidades de quienes integran un establecimiento.
Así, la jornada vinculó la respuesta ante situaciones críticas con una tarea permanente de los equipos directivos: cuidar las relaciones que permiten abordar desacuerdos y trabajar juntos, sin perder de vista el aprendizaje de los estudiantes.
