Modelos formativos

La evidencia internacional sobre la formación de directores revela la importancia de contar con modelos de formación que permitan avanzar en el aprendizaje y conocimientos de los profesionales generando cambios sustanciales en sus prácticas. Desde luego, los modelos tradicionales centrados en únicamente en completar cursos de formación para renovar conocimientos se hacen insuficientes para lograr este objetivo. Por esta razón, nuestro centro cuenta con un modelo ecléctico que permite desarrollar nuevos aprendizajes desde la reflexión y mirada crítica de la propia práctica. Este modelo incluye procesos de reflexión-investigación que guían a los participantes en el proceso de aprendizaje. En este punto, el cambio real de una práctica se ancla necesariamente en la ruptura de ciertas creencias en primer lugar para avanzar hacia la construcción de principios con los cuales guiar la práctica.

Creemos en la utilidad de avanzar con un foco claro en los contexto de cada profesional, aprovechando sus experiencias y problemáticas como punto de partida para iniciar procesos de cambio.

Metodologías de trabajo como el design thinking permiten generar aprendizajes por medio de un proceso reflexivo y práctico para identificar y resolver problemas en el contexto profesional y con ello desarrollar competencias. El ciclo asociado al design thinking en el que se identifican problemas o retos, se desarrollan ideas, se diseñan prototipos o planes, y se aplican y evalúan; son procesos propios de la indagación y necesarios para justamente romper con antiguas prácticas e iniciar un proceso de innovación y cambio – el aprendizaje de nuevas maneras de hacer.

Evaluación e Impacto

Las políticas educativas tienen como propósito compensar las brechas socioeducativas de los estudiantes, donde la calidad de sus programas cobra gran relevancia para el logro de tal objetivo. Así, es posible monitorear el cumplimiento de las metas y evaluar los impactos esperados, identificando nudos críticos en el diseño e implementación de los programas y políticas públicas. 

La evaluación “cumple un rol crucial al ofrecer recomendaciones para perfeccionar los programas (Briones, 2008; Valadez & Bamberger, 1994), generar reflexiones para futuros diseños (Olavarría, 2007; Stufflebeam & Shinkfield, 2007), instalar buenas prácticas en las instituciones (Wholey & Hatry, 1992), conseguir financiamiento y tomar decisiones políticas (Bouzas, 2005)” (Gray, M. D. Promoviendo la Evaluación Integral: Una Contribución para Programas Sociales de Intervención en Pobreza). Por tanto, la evaluación es de vital importancia para tomar decisiones con evidencia, más aún cuando queremos conocer los efectos directos o indirectos generados por una intervención formativa (Gairín Sallán, J. (2010). 

Junto con lo anterior, es importante mencionar que la evaluación provee un marco analítico para tomar decisiones que pavimenten el camino hacia políticas y programas más efectivos, eficaces y sustentables en el tiempo. Además, la evaluación entrega información que promueve la transparencia y el accountability, velando por el buen funcionamiento de las instituciones públicas y sus políticas y programas.